Yule, el origen pagano de la Navidad

Seguramente nunca habéis oído hablar de la festividad pagana de Yule, pero os aseguro que cuando la conozcáis os resultará muy, pero que muy familiar….

La Navidad es la fiesta mas importante dentro del cristianismo, se celebra los días 24 y 25 de diciembre y en muchos lugares del mundo como por ejemplo en España, se alarga hasta el día 6 de Enero.

Hoy día es una fiesta con mucho valor y la sociedad en general la ha adoptado como una fiesta popular ya que se celebra en muchos hogares aunque no sean religiosos.

Pero el verdadero origen de la Navidad tiene su lado pagano y es necesario conocerlo y valorarlo para así poder entender con claridad lo que año tras año celebramos.

La fecha del nacimiento de Jesús, que es lo que se conmemora en esta fiesta, es del todo desconocida ya que no se ha podido encontrar ningún documento histórico al respecto. Durante tres siglos se celebró el nacimiento de Jesús en primavera y no fue hasta los años 320-353, durante el mandato del Papa Julio I, que se fijó la Navidad el 25 de diciembre, haciéndola coincidir con una importante fiesta pagana romana, quizá con la intención de que estos se convirtieran en cristianos.

La fecha elegida coincidía así con el solsticio de invierno en que los romanos celebraban la fiesta “Dies Natalis Solis Invicti” (Día del Nacimiento del Sol Invicto) que estaba comprendido dentro de los Saturnales, una especie de celebración del ciclo de la vida, aprovechando este momento mágico que ha maravillado a todos los pueblos a lo largo de la historia.

El solsticio de invierno es un evento muy especial y simplificándolo mucho podemos decir que es el momento en el que el sol se encuentra más lejos del ecuador de la tierra, lo que hace que observemos al sol más bajo en el cielo y que ese día sea el más corto del año y su noche la más larga.

Y aunque pueda parecer el momento de más oscuridad, es a partir de este día cuando el sol renace y los días vuelven a alargarse poco a poco, trayendo de nuevo la luz y la vida.

Durante los Saturnales romanos, el pueblo se olvidaba durante unos días de sus obligaciones laborales y sus conflictos bélicos para celebrar juntos grandes banquetes e intercambiar regalos, tal y como hoy se sigue haciendo en Navidad.

No solo hay similitudes paganas romanas en nuestra celebración de la Navidad actual, sino que también las encontramos en las celebraciones del solsticio de invierno de los pueblos nórdicos como los Vikingos y europeos como los celtas.

Yule o Yuletide es el nombre que recibía esta festividad en los pueblos escandinavos y germanos, entre ellos los conocidos Vikingos, y al igual que el pueblo romano celebraban el triunfo de la luz sobre la oscuridad.

Era un momento de descanso para el pueblo antes de empezar de nuevo con las labores del campo que traería la primavera, imitaban lo que veían, ya que pensaban que el sol también descansaba en el horizonte antes de proseguir su viaje. Era el momento ideal para dedicar toda clase de ofrendas a los dioses.

Como casi todas las celebraciones de los vikingos, Yule se celebraba con un gran sacrificio o blót a los dioses, en este caso, a los dioses relacionados con la fertilidad, las cosechas y la protección. Tras el sacrificio comenzaban las fiestas, se comían los animales sacrificados, se encendían grandes hogueras y se hacían juegos y bailes alrededor de ellas.

Entre los alimentos que comían era muy famoso el jamón de Yule, que si lo pensáis, hoy día se sigue teniendo en mucho hogares, el famoso jamón de Navidad.

Era una fiesta donde se reunía la familia y dónde se recordaba a los familiares y a los amigos ausentes. De hecho, se dice, que ante sus tumbas y en su memoria se ponía la mesa del banquete. Se hospedaba a los visitantes con la máxima comodidad y cariño, siempre obsequiándoles con regalos, acción que sería compensada con otros regalos de vuelta, otra característica vikinga, dar y recibir. Obsequiaban a sus huéspedes con baños de vapor para paliar el frío de las travesías en barco, ropas secas con las que vestirse, camas mullidas, fuego, y por supuesto, comida y gran cantidad de bebida.¿A que os recuerda todo esto?

Otra tradición que de una forma u otra nos ha llegado a nuestros días de estos pueblos nórdicos es la del tronco de Yule o Yule Log. Se encendía un enorme tronco del año anterior que debía arder toda la noche. Espantaba a los malos espíritus, alumbraba toda la velada de reunión y las cenizas se esparcían por los campos bajo la creencia de que así se harían fértiles y darían buenas cosechas para el año siguiente. Hoy día podemos asimilarlo al famoso dulce con forma de tronco que se come en Navidad.

Otros dos aspectos de la Navidad actual que reflejan creencias paganas son el árbol de Navidad y Papa Noel. Respecto al árbol de navidad, los Vikingos colocaban un árbol perenne en la casa, posiblemente un abeto, que representaba el Yggdrasil, el árbol de la vida en la mitología nórdica, que adornaban y decoraban. Y en semejanza con Santa Claus o Papa Noel en la tradición nórdica nos encontramos al dios Odín quien en tiempos de Yule le entregaba regalos a su gente en su caballo volador y al cúal le encantaban los niños.

Yo este año he querido decorar mi casa con un precioso altar de Yule. Os cuento como lo he hecho y que materiales he utilizado.

Lo primero de todo es hacerse con un tronco, yo he cogido uno de los que utilizo para encender mi chimenea. Para decorarlo vamos a utilizar elementos naturales y cintas. Hay que decorarlo con todo nuestro cariño y dedicación, aportándole buena energía para que cuando lo quememos la noche del solsticio de invierno nos devuelva toda esa buena vibración.

He utilizado para su decoración una cinta central de tela en color crudo que he atado con cuerda fina del mismo color para que me sirviera de base para colocar sobre ella ramas de abeto, acebo y piñas. Podemos ponerle cualquier planta típica del invierno, por ejemplo pino, ciprés o abeto…

También he hecho un ambientador natural de naranja y clavo que huele muy bien y además trasmite buena energía en el espacio donde se coloca, ya que la naranja y el clavo son protectores y energizantes. Consiste en ir pinchando los clavos de olor en la piel de la naranja y podemos hacerlo de una forma original representando diferentes figuras, tales como triángulos, corazones, lineas… Yo los he clavado haciendo una forma de espiral, que es un símbolo del solsticio de invierno y de evolución.

Para completar el altar de Yule no hace falta limitaros a nada en especial ya que debéis adornarlo con lo que sea importante para vosotros, con los símbolos que os identifiquen y con vuestras creencias religiosas o paganas. Lo importante es su significado y la intención que le pongamos.

Yo lo he completado con una figura de una cabeza de ciervo blanco, velas, naranjas secas, canela, estrellas de madera,cristales y minerales, sal negra e incienso de palo santo.

Y este ha sido el resultado…

Espero que os guste, que hayáis aprendido algo nuevo sobre el origen de la Navidad y sobre todo que os haya inspirado para disfrutar de la vida….

Hasta pronto.

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